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Terra
La Coctelera

DE HOMBRE A MUJER

Porque luchamos hombro con hombro
porque la sociedad acepte la libertad
Porque no soy mas que tu ni tu mas que yo
Porque somos diferentes en aspectos tan pequeños
Porque son gigantes nuestros sueños de igualdad.
De hombre a mujer divina fémina
exalto tu aporte a nuestra revolución.
Porque la biología nos hizo complemento
Porque a través del tiempo acabaste mi machismo
Porque me has hecho caer, pero mucho mas crecer
Porque en la dura lucha mezclamos los sudores
Porque compartimos, reímos o retozamos de placer.
De hombre a mujer divina fémina
Porque sin ti no habría revolución.

(kbto, 2004)

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Prostitución

PROSTITUCIÓN: Cuando la explotación lleva nombre de mujer.
Introducción:

El debate está en la calle. El tema de la prostitución vuelve a resurgir de sus cenizas esta vez adaptado al pasotismo político reinante en las masas. Por esto, el debate de hoy se caracteriza principalmente por la negación del tejido social a tomar una postura clara. Además el continuo descenso de la conciencia obrera también ha contaminado este debate dejándolo sin la perspectiva de género y clase que caracteriza al tema ya que no podemos olvidar que la prostitución es ejercida de manera mayoritariamente abrumadora por mujeres y niñas con problemas económicos, y en gran medida, inmigrantes.

Otra característica básica es el interés de las mafias de escudar el debate bajo el equívoco “paraguas” del denominado ejercicio libre y voluntario, desligándolo del fin de explotación con el que fue creada la prostitución. Toda esta parafernalia ornamental está claramente incentivada por intereses económicos, demandando así derechos laborales para una práctica que carece de algo tan fundamental como son los derechos humanos.

Origen y características de la prostitución:

El origen de la prostitución en la historia se ubica en la época en que se efectuó el cambio de la familia matriarcal a la patriarcal. Como consecuencia de este cambio la mujer pierde el derecho de ejercer alguna profesión que no sea la de atender a los hijos y al esposo. Es, por tanto, el dominio del varón quien empuja a la mujer a ejercer el único oficio que le queda: la prostitución. Con este cambio de la estructura familiar vino también el nacimiento de la propiedad privada, con la que se estableció la herencia patrilineal de las tierras cultivables. Por ello la mujer dejó de ser dueña de los frutos del campo y ya no podía mantenerse económicamente. Al perder la mujer su valor económico, sólo se la valoraba en su función de esposa y madre de muchos hijos. Dado el exclusivo papel de procreadora que la esposa tenía en la familia patriarcal, estaría siempre embarazada. Así que los esposos acudirían a otras mujeres para que les proporcionasen sexo. Esta demanda de prostitutas incrementaría la oferta.

Entonces podemos decir que la prostitución nace con la conjunción de dos sistemas que actualmente tienen un papel principal y que se retroalimentan entre sí para sobrevivir: el patriarcado y el capitalismo.

Las características básicas de la prostitución siguen siendo las mismas: Es una estructura diseñada por y para los hombres en el que la mujer queda convertida en una mercancía bajo el total dominio del hombre sobre ésta.

¿Qué imagen tiene la sociedad sobre la prostitución?

La sociedad está aborregada, no conoce mundo más allá de sus propiedades y necesidades. Esto también se deja ver en la imagen que proyecta la prostitución sobre ellos. Esta imagen suele ser el de una prostitución eterna, que siempre ha estado y siempre estará, contra la que no se puede hacer nada ya que es un oficio normal y además el más viejo del mundo. Por esto, las mayorías piensan que se debe luchar contra el hambre o contra la pobreza pero no contra la prostitución.

Esta confusa imagen contribuye a paralizar el análisis y ayuda a mantener los privilegios y el dominio de los hombres sobre las mujeres. De legitimar este punto de vista se encargan, generalmente, los grandes medios de comunicación que a diario se embolsan grandes cantidades en concepto de “anuncios de contactos”; así como ciertos políticos usuarios o propietarios de grandes burdeles que crean un discurso reglamentarista de la situación.

La situación de la prostitución en España:

Aproximadamente se calculan en España entre 300.000 y 400.000 mujeres que se dedican a la prostitución. El 90% de éstas son inmigrantes y en su mayoría, en situación irregular. La procedencia más común es América Latina seguida de Europa Oriental y África. Las encuestas revelan que el 30% de los españoles han practicado o practican habitualmente sexo con prostitutas, aunque estos son casi invisibles a pesar de que se aprovechan de la pobreza, la ignorancia y la esclavitud.

Se estima que en España hay un número de prostitutas parecido al de Alemania, teniendo este país el doble de población que el nuestro. Esto demuestra que España es el burdel más grande de Europa.

Tan solo el 5% de las mujeres prostitutas en España, aseguran hacerlo de forma voluntaria y libre sin ningún tipo de coacción, presión o amenaza. Curiosamente, el debate público sobre la prostitución se ha centrado en la “voluntariedad de la prostitución”, olvidando a ese 95% de mujeres explotadas sexualmente mediante violencia, engaños y presiones económicas. No interesa reflexionar sobre el porqué de la existencia de la prostitución, ni lo que implica, ni porqué la inmensa mayoría de las personas prostituidas son mujeres y niñas, ni las grandes cantidades de dinero que se derivan, ni las vulneraciones de derechos contra la libertad sexual, contra la integridad, contra la dignidad de las personas; el 95% de la prostitución simplemente no existe en el debate.

El perfil del “cliente”

Los clientes son hombres como otros cualesquiera. Pueden ser abogados, albañiles, médicos, profesores, carpinteros, peluqueros, transportistas… Todo hombre puede ser un consumidor potencial. No obstante, una encuesta realizada recientemente en Francia desprende un ligero perfil general sobre éstos. Uno de los resultados más notables es que la mayoría de los varones que consumen prostitución no pertenecen a edades avanzadas, ni son jóvenes acuciados por la erupción hormonal típica del ciclo vital, sino que tienen entre 35 y 50 años y son casados o viven en pareja. De entre ellos, el 55 por ciento tenía uno o más hijos.

Además en esta encuesta se observan las diferentes excusas (ciertas o no) a las que recurren para explicar su consumo. Una de ellas es la abstinencia sexual y la soledad afectiva. La mayoría de los clientes habituales y ocasionales explican su debilidad por las prostitutas en función de su timidez, del temor a las mujeres o por otras inhibiciones. La segunda causa a que apelan los entrevistados es la desconfianza, el temor y el odio que les inspiran las mujeres. La tercera categoría incluye a los consumidores de mercancías, esos varones que son empujados a la prostitución, según dicen, porque sus mujeres los someten a una vida sexual insatisfactoria. Una cuarta categoría incluye a los que explican el consumo de prostitución por cumplir el imperativo de una sexualidad que eluda cualquier tipo de responsabilidad que pueda devenir de un vínculo estable con el “sexo opuesto”. Así está el patio.

Los tratamientos legales:

En materia de prostitución se han dado, en distinto países y momentos, tres tratamientos legales:

- El sistema reglamentarista: Se legitima el derecho de la prostituta a prostituirse y el del “cliente” a “consumir”. Sus objetivos son delimitar los espacios públicos y privados, sus horarios y características. Como con cualquier otro negocio intenta perseguir y condenar los lugares clandestinos de comercio sexual.

Parte de la necesidad de proteger la higiene de la población y se llega a comparar a las prostitutas como transmisoras de enfermedades.

Desde esta posición, la prostitución cumple con una función pública, una válvula de salida a una sexualidad masculina no canalizable de otra forma.

- El sistema prohibicionista: Mediante la represión penal de prostitutas y consumidores, el sistema pretende salvaguardar la moral pública y las buenas costumbres. Para los prohibicionistas las prostitutas son delincuentes que tienen que responder ante la ley y los clientes son vistos como víctimas de la invitación escandalosa y provocativa de las prostitutas.

- El sistema abolicionista: Se basa en que la prostitución es una explotación del ser humano y que la reglamentación de esta actividad solo consigue perpetuar esta injusticia. A las prostitutas se las consideran víctimas del tráfico y comercio humano, necesitadas de ayudas estatales como programas de tratamiento, reeducación y reintegración social.

Persigue a proxenetas, consumidores y beneficiarios de la prostitución ajena. Es una medida tomada del feminismo y de los movimientos progresistas.

Pero la prostitución es un negocio…

La prostitución forma parte de la economía sumergida, a la que no llega el Estado de derecho, que genera entre 12.000 y 18.000 millones de euros al año en dinero negro. Según los datos publicados a finales de septiembre de 2005 en un conocido medio de comunicación de prensa, en España, desde 2001, existe la patronal del alterne, cuyo “secretario general”, preside al mismo tiempo un partido político del que solo diremos que se considera como populista, social, democrático y patriótico.

En el mundo, la prostitución se sitúa en el tercer puesto de los negocios que mueven más dinero, después del tráfico de armas y de drogas. Este dinero no sólo es el que desembolsa un cliente tras un servicio sino que engloba también, el dinero que ganan los periódicos por publicar anuncios de contactos, por ejemplo.

Un ejemplo claro de las ingentes cantidades de dinero que mueve el negocio de esta explotación sexual es Australia, que actualmente luce orgullosa una política reglamentarista de la situación. Allí, el burdel The Daily Planet cotiza en bolsa desde 2003 y la prensa australiana divulga como un éxito financiero que la industria sexual en Australia tenga unos ingresos aproximados de 1,2 billones de dólares al año.

El modelo sueco y sus positivos resultados:

En 1999 en Suecia se aprobó una ley que penaliza la compra de servicios sexuales y despenaliza la venta de dichos servicios. Ésta Ley fue aprobada como parte de la legislación general sobre violencia de género. Antes de esto en Suecia la prostitución estaba legalizada, pero el gobierno sueco llegó a la conclusión de que la igualdad de género continuaría siendo inalcanzable mientras los hombres siguieran comprando, vendiendo y explotando a mujeres y niñas y prostituyéndolas. Además esta ley se acompañó de la provisión de importantes fondos dirigidos a ayudar a cualquier prostituta que quiera abandonar la industria del sexo. Actualmente esta ley es apoyada por el 80% de la población por sus sorprendentes resultados positivos:

- En Estocolmo (capital sueca) se ha reducido el número de prostitutas en dos tercios y el de clientes en un 80%.

- En otras grandes ciudades la prostitución ha desaparecido casi por completo.

- El tráfico de mujeres extranjeras ha descendido hasta la cifra de alrededor de 300 mujeres y niñas al año. Cifra muy inferior a las calculadas en su vecina Finlandia a la que llegan de dicho tráfico entre 15.000 y 17.000 mujeres anualmente.

Todos estos datos son lo suficientemente positivos como para aplaudir esta legislación y reconocer la gran labor llevada a cabo por el gobierno sueco en este campo, marcando el camino a seguir para acabar con este moderno tipo de esclavitud.

La reglamentación en Holanda:

Hasta el 2000, la despenalización de la prostitución en Holanda supuso la plena libertad de obrar para los propietarios de los prostíbulos sin el reconocimiento de derechos para las prostitutas. En el año 2000 cambiaron la ley y reconocieron los derechos laborales. Esto supuso que las prostitutas pudieran reclamar sus derechos laborales ante los tribunales. Sin embargo, la falta de políticas de concienciación y educación hizo que la reclamación de estos derechos apenas se ejerciera, como afirmó el sindicato mayoritario holandés, el FNV, a pesar de que las violaciones de estos derechos se están llevando a cabo de forma masiva. La mayoría de los propietarios de prostíbulos hacen cualquier cosa para forzar a las mujeres y se declaren autónomas, burlando la ley.

La citada Ley del 2000 reconoce el derecho a cobrar el desempleo, pero según este mismo sindicato, en cinco años desde la aprobación de la ley, solo una mujer ha hecho uso de este derecho. Además las presiones directas o indirectas de los propietarios de los burdeles, hacen que las prostitutas no denuncien cuando los burdeles no cumplen las condiciones higiénicas. Todo esto unido a las crecientes cifras de mujeres “traficadas”, dejan en evidencia la ineficacia de las políticas reglamentaristas, y la estigmación social que aún sufren las prostitutas.

Conclusiones:

El mercado ha de tener límites y uno de ellos es el respeto a los derechos humanos. No es justo pensar que todo vale, cuando miles de mujeres están pasando por una situación de anulación sexual y personal. Podremos legalizar la situación, pero ellas seguirán ahí, explotadas y esclavizadas. Podremos legalizar la prostitución, pero las mafias y proxenetas seguirán existiendo, aunque llamadas empresas y empresarios.

No podemos tampoco dejarnos caer en la trampa de la “voluntariedad”, pues la prostitución voluntaria solo la lleva a cabo el 5% de las prostitutas, el 95% restante sufre la explotación y mercantilización de su cuerpo. La ONU estima que hasta 4 millones de mujeres y menores son víctimas del tráfico sexual cada año, ¿cuánto es el 95% de 4 millones? El resultado es el número de esclavas del siglo XXI.

Legalizar la prostitución es legitimar la esclavitud.

NI AMA, NI ESCLAVA

LA ESCLAVA DE LA HISTORIA:

Tras la Revolución Francesa, fue necesario reconstruir y redefinir tanto la esfera de lo público como la de lo privado y la de los roles sexuales. Tras abolir las clases sociales y económicas intermedias surgió una sociedad de individuos yuxtapuestos y sin vínculos, un aglomerado más que una sociedad. Lo público pasó a ser lo llamado “políticamente correcto”; era el terreno de lo masculino, y por otro lado estaba la mujer y lo privado, los intereses intermedios, la familia, donde la mayoría de la sociedad civil se centraba. Los espacios entre lo público y lo privado estaban enmarcados en la división sexual, de roles, de tareas, de funciones. Estos espacios siempre han existido, pero su definición ha variado según las épocas y las culturas.

Con el origen de la democracia dominó el miedo a las mujeres y a sus poderes, excluidas del derecho al voto, signos manifiestos de esa división. Cada sexo estaba en su sitio, el hombre en lo público y lo político o social y las mujeres en lo privado, pendientes o recluidas al campo de la familia y la casa, y de esta relación dependía en gran medida el equilibrio del Bienestar y de la seguridad del Estado.

La democracia del siglo XIX no negaba la importancia de las mujeres, incluso veía en ellas el fundamento de las “costumbres”, clave de la civilización, digamos que a través de lo doméstico y en cierta medida, las mujeres gobernaban la sociedad civil.

También se ha destacado históricamente la belleza de la mujer y se introdujo el modelo de la “nueva mujer social”, la mujer que ya no debía quedarse en su casa, sino que debía salir, ocuparse de los ancianos, de los pobres, de las labores sociales etc.

En la modernidad la esfera de lo público, es decir, lo concerniente al hombre, siempre ha manifestado una gran preocupación porque la mujer accediese a su esfera, poniendo restricciones y obstáculos en la lucha por los derechos de la mujer. Tienen miedo a las mujeres y las excluyen.

El primer modo de delimitación en los siglos XIX y XX fue mediante el derecho. La Revolución Francesa aceptaba a la mujer civil, incluso la reconocía el derecho de herencia e incluso posteriormente el derecho al divorcio, pero rechazaba a la mujer cívica, quienes no tenían ningún derecho político y como los extranjeros o los niños, no podían votar.

Las mujeres casadas, no podían trabajar tras la Revolución Industrial, debían de ocuparse de lo doméstico subordinadas al ingreso económico de sus maridos.

Las leyes de 1875 en Gran Bretaña y de 1907 en Francia reconocieron a las esposas asalariadas a poder disponer libremente de sus salarios, argumentando que éste no era un derecho personal de la mujer, sino un derecho que ayudaría a la economía doméstica y al bienestar de sus hijos en caso de abandono o fallecimiento del padre.

Otra forma de limitar la historia de la mujer ha sido mediante el acceso a la educación, que nunca era mixta, sino siempre específica y casi siempre privada y religiosa. Las profesiones también dividían los sexos y tampoco podían salir a ciertos bares o incluso andar por las calles de noche ya que sufrían el riesgo de que se las considerase “mujeres públicas”.

Muchos son los vacíos que los hombres pensadores, filósofos, historiadores, como Hegel, Kant, Schopenhauer, Nietzsche, Ruskin etc, le han hecho a la mujer, tratando incluso el papel de la familia y los roles de sexo, o creando manuales del “Buen comportamiento femenino”; de nuevo eran ellos los que determinaban no sólo nuestro lugar en el mundo sino cómo habíamos de comportarnos en él. A través de la sumisión a su autoridad, con el miedo a la represión física, psicológica y social cedimos.

Dentro de las teorías evolucionistas, y con Darwin a la cabeza, creían que en el origen reinaba la igualdad entre los sexos, pero la lucha por la vida seleccionó y fortaleció a los hombres en virtud de la herencia de los caracteres adquiridos.

El sexismo también ha trascendido culturalmente hasta el campo del lenguaje, debido a que el lenguaje tiene categorías que estructuran sus reglas gramaticales, éstas no han estado fuera de perjuicios sociales en favor de los puntos de vista y actividades creadas en torno al hombre, igualmente, la utilización del “ÉL” como pronombre para denominar lo relativo a Dios es muestra de que a la figura más poderosa del mundo la habían hecho hombre. El sexismo de nuestro lenguaje es consecuencia de la dominación masculina en nuestra sociedad a lo largo de la historia.

AHORA:
Tras la segunda Guerra Mundial y con el surgimiento de la economía de la información y los servicios, las mujeres se incorporaron en gran número al mercado laboral, hecho que ha producido ciertos pequeños e insignificantes cambios en la esfera de lo doméstico, los roles y las jerarquías de género.

Pero no por estos cambios hemos las mujeres de occidente pensar que hemos alcanzado la emancipación o la igualdad frente al género masculino, pues las igualdades políticas conseguidas como poder formar parte de un ejército, ser jefa, miembro de la Guardia Civil o la Policía Nacional, empresarias, ingenieras, bomberas, medicas, etc. forman parte del “gran cambio social” de las mujeres progresistas y liberales. Ésta ha sido su revolución: la Revolución de la Mariquita Pérez, quien en vez de vestir faldas y vestiditos se cambió a la moda de los tejanos, los uniformes militares y los trajes de chaqueta clásicos de directivos y burgueses, propulsoras y sustentadoras con su actitud del mismo capital patriarcal y opresor contra el que en un tiempo pasado se manifestaron y desde el que ahora se sienten tan cómodas, tan masculinas por haber accedido a la esfera de lo público, por haber decidido por todas las mujeres del mundo y haber contribuido a la conformación de leyes Estatales para protegerlas, satisfechas en su reformismo por haber conseguido disminuir las listas del paro y la precariedad femeninas, por haber conseguido compaginar la maternidad con la explotación laboral y así, sentadas desde sus sillones, contentas de que sus maridos sepan diferenciar el detergente del suavizante y de que se preocupen por cuidarse la piel tanto como ellas, respiran su paz, encubriendo y generado el mensaje de que a través de tantos siglos de opresión hoy sí, por fin, en esta democracia del siglo XXI las mujeres viven en plena igualdad. Pero éstas tan sólo son conquistas superficiales en la esfera pública ya que en el terreno de lo íntimo y lo privado subyace la misma represión y seguimos siendo las mujeres las que mantenemos por nuestra cultura y educación esos aspectos del patriarcado que tanto han impedido nuestro libre desarrollo y crecimiento personal a lo largo de la historia. Aspectos que transmitimos y permitimos que por medio de la educación, los valores machistas y reaccionarios sigan prevaleciendo muchas veces camuflados entre una supuesta igualdad fruto de esta era de posmodernidad.

La Revolución de la mujer, no es necesaria, es imprescindible porque sin una lucha paralela que abarque la conquista de todas las libertades, algunas de ellas se quedarán detrás. Y aunque la conquista debe empezar por nosotras mismas tiene que continuar con la lucha de los propios hombres, muchas veces víctimas también de su propio patriarcado. Nuestros compañeros son una de las piezas clave en la lucha por la igualdad pues son ellos mismos los que deben empezar a desprenderse de las conductas conscientes e inconscientes que el patriarcado ha ido depositando de forma indirecta en su género y desde el que han disfrutado de tantas ventajas y beneficios de los que lógicamente les cuesta desprenderse por su histórica superioridad.
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